Cuando era un chaval no jugaba al fútbol; Lo odiaba. Todos mis amigos soñaban con ser Michel, Butragueño o Hugo Sanchez. A mi solo me dejaban ser el árbitro, así que acababa pitando lo que me daba la gana. Esto me trajo más de un problemilla...
Tampoco me gustaban las carreras de chapas, ni jugar a las canicas, ni mancharme de barro.
Nunca compré cromos, ni coches, ni me pegué con nadie. Por mi cumple mis padres siempre me regalaban “Heiperman”, robots, scalextric o monopatines. Nunca jugué con ellos.
Lo que más me gustaba era observar, analizar y montarme mi propia película. He sido de todo, desde un malvado pirata con garfio hasta un gnomo con sombrero de pico rojo.
Ya con nueve años había dado la vuelta al mundo en burro y fuí el primero (… y creo que el último) en construirme una cabaña en Marte (ni frío ni calor..je,je).
Hoy sigo soñando, aunque no es tan fácil como antes. Hay quien dice que soñar es de tontos porque los sueños son inalcanzables. Yo pienso que si lo haces con ilusión y apretando los ojos con fuerza, quizás, cuando los abras, alguno se haya cumplido.
Por ahora no me ha pasado, pero solo tengo 33 años, aún me quedan 400 más para seguir intentándolo. Recordad que soy un gnomo y todavía tengo tiempo hasta convertirme en árbol.

Un beso
Ut